22 noviembre 2010

EL MODELO VALENCIANO DEL PP PARA ESPAÑA

El neoliberalismo del PP, firmado en la Comunidad Valenciana, es el asalto a las empresas públicas para quedárselas sin coste alguno. Cualquier empresario expone sus bienes para crear empresas. La mafia instalada en el Partido Popular lo tiene mejor montado: Primero eligen un consejo de administración que se encargará de hundir la empresa pública elegida desviando fondos públicos propios para empresas privadas afines. Segundo acuden a gestores o empresas externas, ligadas al PP, para justificar una mejor gestión del servicio. Y por último declaran ruinosa para la administración la empresa pública expoliada y se privatiza. Legalmente, sin poner un solo euro, el PP se queda con la empresa.

Si se cambia de signo político, en el gobierno de turno, no hay problema porque privatizada la empresa pública o vaciada de contenido se tendrá que recurrir al “servicio público” prestado por empresas privadas (ligadas al PP). Y si se pretende revertir ese servicio público los costes de indemnización serían tan altos que lo harían imposible. Otra solución sería crear de nuevo la empresa pública en cuestión, pero el coste son nuevos impuestos para los ciudadanos. Un gobierno progresista se tendría que hacer impopular a la fuerza y volverían a entrar de nuevo estos mafiosos para comenzar de nuevo la rueda expoliadora. Ese es el neoliberalismo que pretende imponer el PP en toda España.

Nunca aparecerá el partido político, pero sí afiliados, militantes y amigos de los amigos. Gürtel es parte del negocio. Es una trama más de todo el tinglado. Los mafiosos del este son unos aficionados comparados con el negocio hispano.

Un ejemplo: El presidente del consejo de administración de RTVV declara que el ente es un “ saco sin fondo de pérdidas” para la administración valenciana y que por ello hay que “privatizar”. Quedárselas sin exponer un solo euro y pagando el ciudadano adormecido con tanta traca y petardo.

Para más inri el verdadero “governator” de la Generalitat Valenciana, el portavoz y Conseller Ricardo Blasco, no se corta un pelo al afirmar que es un “tema abierto”.

Tenemos casos de clínicas y hospitales privados valencianos que por necesidades de “ventilar las listas de espera” han hecho el negocio del siglo. Los mismos médicos que por la mañana trabajan en los hospitales públicos, por la tarde te atienden exquisitamente en los privados y con todo lujo de prestaciones y, por supuesto, atenciones. Son clínicas de renombre y los ciudadanos no pagamos un euro, por ahora. Lo paga la sanidad pública que somos todos.

Otro tanto pasa en colegios, empresas de servicios de limpieza, constructoras, etc. El coste se triplica y con ello, los beneficiarios de las contratas, adjudicaciones y subvenciones pueden costear perfectamente las campañas electorales del PP. Es lo que se deduce de todas las informaciones publicadas a nivel nacional sobre el caso Gürtel y otros tinglados de este tipo y en lo que se basa el “núcleo” que aquí se expone.

El ciudadano, en última instancia, es quien decide. Si quiere conservar y mejorar el sistema de bienestar social que hemos venido disfrutando estos años o si prefiere, como se hace en América y es el deseo del PP, tener que empeñar su vivienda por una simple operación de próstata. Lo veremos en unos años si seguimos con esta locura colectiva.

Algo deberían hacer los poderes públicos del Estado para evitar que grupos criminales mafiosos, disfrazados de políticos, puedan asaltar impúnemente las arcas colectivas de todos los españoles.

También es responsabilidad suya.

1 comentarios:

Nicolás dijo...

El ciudadano valenciano, en su gran mayoria, ya no dice nada. Está contento y satisfecho con lo que tiene porque ha cuajado la idea de que no hay otra forma de hacer las cosas, no hay alternativa. Los pocos que nos quejamos seguimos con nuestra tarea de predicar en el desierto porque aunque el refrán acabe diciendo aquello de sermón perdido, no nos resignamos, pero esperanzas hay muy pocas, cada vez se diluyen más. Y la izquierda política que debiera dar la batalla, en su gran mayoría teme perder su mísera cuota de poder que le permite subsistir. Patético.