05 junio 2010

PARA GANAR EL FUTURO HAY QUE TENER CONVICCIONES

Emulando a Winston Churchill, José Bono dice que “para ganar el futuro, a veces hay que perder elecciones” porque para vencer la crisis económica se necesitan hombres de Estado. Es decir, para ser hombres de Estado hay que plantear reglas duras e impopulares como congelar y recortar sueldos a los que no se pueden escapar por tener nómina, subir los impuestos indirectos, suprimir inversiones, recortar ayudas sociales y facilitar el despido gratuito de empleados al empresario que tenga un buen gestor que le cuadre los balances. Y aplicar políticas monetaristas dentro del margen que le dejan desde la Unión Europea. Luego vendrá el co-pago en servicios sanitarios, educativos y seguro privado de jubilación. Churchill firmaría sin necesidad de crisis.

Winston Churchill evidentemente era conservador, no tenía que cambiar su modo de vida legado de generaciones, además estaba acostumbrado a perder elecciones y ganarlas de nuevo. Pero el caso que nos ocupa es que quien dice eso es un destacado dirigente del PSOE en apoyo a la “nueva política económica y social” del gobierno socialista.

Los que votamos y apoyamos al PSOE sabemos que el programa máximo fundacional, la revolución socialista, va por entregas y las reformas sociales y económicas se dan con cucharilla a lo largo de generaciones, esa es la base de la socialdemocracia cuando desde la II Internacional se asumió la participación en las instituciones democráticas. Nadie pide experimentos, pero sí aplicar lo que se predica.

Todos sabemos que “a la gente – como dice Bono – le importa tres puñetas quién gane las elecciones, lo que le importa es llegar a final de mes”, hasta aquí de acuerdo. La diferencia debería estar en la alternancia de “recetas” para que el enfermo llegue dignamente a final de mes y tenga esperanza de vida. Si la alternancia de izquierdas no tiene otras recetas para curar las periódicas crisis económicas que las mismas que la derecha conservadora, es evidente que alguien se engaña de bando o está engañando a quien compra un proyecto con su voto.

Precisamente los valores de la izquierda provienen de un visión diferente de la economía y sin embargo se renuncia a las propias convicciones cuando se trata de efectuar ajustes en momentos de crisis económica. Las inversiones públicas para generar actividad, y por lo tanto riqueza y consumo, así como las ayudas sociales suelen aplicarse por la izquierda en época de bonanza, cuando lo demostrado es que su necesidad viene dada en épocas en que la depresión y el estancamiento necesita del estímulo público o estatal para crecer económicamente. La inflación, que penaliza a los rentistas (pensionistas por ejemplo), suele ser corregida cuando se inicia el crecimiento con la retirada de dinero circulante, o bien elevando los tipos de interés y las condiciones de los préstamos, incrementando los impuestos o retirando subvenciones. Esto último se aplica paulatinamente a medida que el capital privado va cobrando fuerza de nuevo a la salida de una crisis como la actual.

En teoría el gobierno socialista de Zapatero ha seguido estas directrices de los economistas clásicos, entre ellos a Keynes. El fallo ha estado en no aplicar con decisión las inversiones públicas donde eran preciso realizarse, o por lo menos, donde se generase empleo. Otro fallo ha sido no atajar directamente los agujeros negros de la banca pública – las cajas de ahorros dirigidas por las CCAA - obligando al saneamiento por fusión o absorción entre las mismas previo reconocimiento de su situación financiera, especialmente en los casos afectados por el estallido de la “burbuja” de la construcción.

A ello se une que la gestión de los tiempos en la solución de la crisis, al menos a nivel nacional, ha sido desafortunada:

Primero no reconociendo la crisis como tal.

Segundo avalando a las entidades financieras y ofreciendo bonos y deuda pública a los propios bancos y cajas de ahorros que han utilizado sus recursos en este menester, que les era más rentable que facilitar los préstamos a los clientes.

Tercero que esos avales deberían haber sido ofrecidos directamente a los empresarios para mantener la actividad y a los compradores de viviendas, en el caso de la construcción, para asegurar el cobro de las inversiones efectuadas por las entidades financieras. Se ha hecho al revés y cuando no tocaba.

Por último, la restricción del dinero circulante como la paralización de inversiones - que afectan también a las empresas y empleos auxiliares relacionados -, la supresión de ayudas sociales y familiares, el recorte de salarios de los funcionarios y pensionistas, o el freno en el gasto de las administraciones públicas se ha aplicado bruscamente en un momento inadecuado, precisamente cuando se empieza a crecer y los datos económicos prevén una recuperación. La restricción del dinero circulante se aplica, según los economistas clásicos, cuando se produce un período de inflación. Este caso se da cuando la economía está recuperada totalmente y la actividad de las empresas crea empleo y riqueza y con ello el alza de los precios.

Es un error inmenso, producido ente otras cosas, por la presión de los mercados contra la moneda europea, el euro. Los mercados no son otros que los bancos americanos, franceses y sobre todo los alemanes, que han prestado su dinero a los bancos españoles. Como van mal y no se fían de los bancos españoles, sobre todo de las cajas de ahorro, quieren cobrar ya o a intereses más altos. De ahí la presión ejercida ante el FMI y los gobiernos francés y alemán, acabando finalmente por imponer su política de recortes ante gobiernos como el español. El resultado es que la recuperación económica ha sido asesinada por el “cortoplacismo “ y el pánico, ante las dudas de las cuentas públicas de cada país, falseadas como en el caso de Grecia o recientemente Hungría.

Era fundamental la renovación tecnológica que en distintos sectores, sobre todo energéticos, se ha dejado en manos de las grandes compañías que sólo han visto la posibilidad de recoger beneficios antes de invertir y sin control alguno. Las nuevas tecnologías suelen por sí garantizar nuevas actividades, nuevos mercados y el crecimiento económico. Los recortes y un mal enfoque en este campo nos obligará a seguir dependiendo del exterior y pagar una factura mucho más elevada en el futuro. Aquí también se ha fallado estrepitosamente.

La reforma laboral que quiere imponer el gobierno, por otra parte, es una decisión que facilita el incremento del desempleo de inmediato, máxime cuando no media organismo judicial que valore la procedencia o no de un despido y conociendo que no ha sido impedimento para que las empresas obtuviesen beneficios si son competitivas. Las indemnizaciones no suelen causar gran quebranto en las economías empresariales, pero una facilidad casi gratuita para despedir provoca una productividad forzada y ausente de protección de los derechos laborales para el que teme perder su empleo al exigirlos. No es una medida necesaria para la recuperación económica.

Al final, por no aplicarse decididamente en lo que el gobierno socialista de Zapatero estaba haciendo, de forma correcta pero a destiempo siempre, se ha tenido que ceder en favor de los postulados monetaristas de moda desde los tiempos de Reagan y la Thatcher, los de Milton Friedman, que son los que se aplican en Alemania de la Merkel y la Francia de Sarkozy, de inmediato en el Reino Unido de Cámeron. El proyecto keynessiano, el que funcionó en tiempos de la Gran Depresión con Roosselvet en los Estados Unidos, el más próximo a la socialdemocracia para aplicar en tiempos de crisis y que en España se estaba aplicando de forma inconsciente, se ha abandonado antes de tiempo.

Todo ello porque nuestra deuda privada, la que cada españolito tiene con su banco, es muy elevada y los bancos para facilitar esos préstamos han tenido que pedirlos a los de esos países que nos los reclaman para su propio saneamiento. La garantía es la reducción del déficit público, la deuda del Estado, tan necesaria para la recuperación económica y la inversión en nuestro futuro.

¿ Cómo pagaremos esos elevados intereses si no hay crecimiento, si no hay consumo para la recuperación económica ?. No , no es cuestión de perder unas elecciones para ganar el futuro como dice el Presidente de Congreso de los Diputados, José Bono. Es cuestión de demostrar, porque se puede, que otro modelo económico es viable y para un mismo modelo elegimos al original, no a la copia. Los hombres de Estado se imponen por su innovación y ganar elecciones se ganan porque se hace bien el trabajo que se debe hacer.

Lo que dice en realidad Bono, y todos los que justifican este cambio, es que ser hombre de Estado es sinónimo de aplicar la ideología liberal-conservadora, la de la derecha.

¡ Sangre, sudor y lágrimas !


Nota: Respecto a la restricción del capital circulante, las medidas monetaristas que se suele aplicar para combatir el ciclo inflacionario por los gobiernos liberales y conservadores en épocas de bonanza - que no es ni por asomo la situación actual- , no necesariamente deben pasar por las señaladas en concreto en este artículo.

Aquí se señalan las medidas "novedosas" que aplican los gobiernos de la derecha desde hace tres décadas, como el recorte de los derechos adquiridos por funcionarios y pensionistas o la retirada de fondos para ayudas sociales.

Estas "novedades" se pusieron de moda sobre todo a partir de los gobiernos de Margaret Thatcher en Reino Unido, Ronald Reagan en los EUA y Augusto Pinochet en Chile, allá por los 80. Son florituras añadidas por el economista de los neocon Milton Friedman, que argumentaba que los mercados absorberían las "bolsas" de desempleados y clases menos pudientes por su propia evolución, sin necesidad de intervención estatal. Lo que no decía era cómo estas capas sociales se sustentaban mientras estaban a la "espera".

2 comentarios:

Nicolás dijo...

Pero si esta cantinela es la de Rajoy, la de Aznar y lo más rancio del conservadurismo

Carolus Primus dijo...

Pues esa cantinela es la "nueva política económica y social" del gobierno socialista, la monetarista de Friedman.

Keynes no era ni socialista ni socialdemócrata, pero diagnosticó con éxito la crisis del 29 y el resultado anticíclico positivo de la New Deal de Rooselvelt donde primaba la intervención estatal para compensar la falta de actividad privada.

Rajoy y Aznar representan lo "original" de las políticas monetaristas de Friedman. Lo demás es copia barata.

No soy muy versado en economía, sólo leo los clásicos de pasada, pero a la plebe se nos informa también "de pasada" y lo lógico es que opinemos de la misma forma.

Lo evidente es que no hay color cuando se tienen tropiezos, no hay otra ideología que la de siempre, que es lo que nos vienen a decir nuestros propios compañeros que nos hablan de "cambio".